jueves 19 de noviembre de 2009

¿Y si realmente es inocente?

En la prisión nadie se cuestiona una sentencia judicial. De hecho, creo que así debe ser, pero tristemente más sentencias de las que serían de desear no reflejan realmente la veracidad de los hechos cometidos respecto a un delito determinado o la forma como ocurrió. Influyen muchos factores extrajudiciales en el mundo judicial, no admitirlo sería ser ingenuo; una buena o mala defensa, la capacidad de mentir o simular del acusado, si un delito está o no de moda, si se argumenta que es toxicómano o no solo por conseguir un atenuante, tener suerte y que te juzgue tal o cual juzgado donde el juez es más tolerante o más tradicional….

Además, los prejuicios que todos tenemos también nos influyen y también al sistema judicial y a todo ello hay que añadirle cierta presión social que está creando una nueva tipificación de delitos, mientras en los programas electorales de los partidos políticos se sigue apostando por la intolerancia y por seguir haciéndonos sentir cada vez más miedo a no sé qué, mientras nos olvidamos de las verdaderas cuestiones que hay por debajo y que no se ven, como es una indeficiente política de medidas preventivas del delito o por qué no decirlo, que en esta época de crisis, la gente pueda tener lo justo para vivir y no tenga que buscarse la vida de forma ilegal, como está empezando a ocurrir.

Pues bien, todas estás cosas tienen una fijación final en una determinada sentencia y con esta sentencia uno entra en la prisión a cumplir condena. He conocido, en un pequeño porcentaje, es cierto, a gente inocente que está en prisión. ¿Qué es lo que me lo garantiza?. Pues que en alguno de los casos conozco las circunstancias de los hechos, o lo que es peor, sé que alguien asumió el delito de otro por distintas razones y está preso.

Yo tengo la suerte de sí poderme cuestionar una sentencia judicial y preguntarme si realmente se ajusta o no a la realidad, y eso me permite poder mirar los procesos de prisión con otros ojos.

Tal o cual delito, las circunstancias del mismo, las pruebas periciales, tal o cual juzgado, van a determinar también cual el tiempo de prisión, y lo que diga la sentencia, se ajuste o no a la realidad (y es muy difícil esclarecer la absoluta veracidad de los hechos, y de esto entiende mucho la psiología forense) determinará la estancia de un reo en prisión.

Luis lleva un año en prisión. Entró con una sentencia judicial que lo condenaba a 15 años de prisión. Lo lleva mal, desde el primer día ha mantenido lo mismo: ¡soy inocente!

Su hija, Isabel, está moviendo el tema en la calle. Me consta que se ha movido y mucho, de tal forma que se ha admitido el recurso de casación y, de momento, hace que su situación penal sea la de preventivo. Algo es algo. Los abogados dicen que hay buenas expectativas y que se está demostrando que hubo una muy mala instrucción y un peor peritaje psicológico. Luis mantiene la esperanza de que todo se aclare. Por mi parte, sinceramente no sé si Luis es inocente o no pero esta lucha, su lucha, la presunta culpabilidad que ya le ha robado muchos días de su vida que no volverán me hace cuestionarme necesariamente la siguiente pregunta, ¿cómo se puede encajar una condena, la que sea, sabiendo uno que es inocente?. Les invito a que se lo pregunten también ustedes.

El solo hecho de pensar que una sola sentencia judicial pueda ser injusta invalida el sistema judicial. Me horroriza pensar que un solo inocente pueda estar pagando algo que no hizo.

Y mientras se demuestre o no, Luis seguirá estando en prisión, prisión que se merecerá en el caso que se demuestre que sí lo hizo; prisión que le habrá robado mucho tiempo de vida y de esperanza si finalmente le absuelven, y mientras, para muchos, por si acaso, será estando estigmatizado y preso. Es así.

Le pido a Dios que realmente se descubra la verdad. Si fue admitido el recurso de casación es porque el Tribunal Supremo consideró que hubo algún error. No todo es tan evidente y tan claro.

Si en el mejor de los casos Luis fuera absoluto, saldrá de la prisión y nadie le pedirá perdón, nadie le devolverá ni uno solo de los días que estuvo en prisión… Ninguna sospecha debería tener un precio tan alto. Nadie que no sea culpable debería estar en prisión. Nadie, ni un solo día.

Posdata: El día 15 de Octubre Carlos terminará una condena de 2 años y 6 meses y siempre mantuvo su inocencia. ¿Y si realmente lo era?

P. Nacho

EXTRANJERO Y PRISIÓN. DOBLE CONDENA

El 30% de la población reclusa es extranjera. La prisión de Fontcalent es una auténtica Torre de Babel. El otro día comentaba con un trabajador social de la prisión que era curioso como en tan solo 18 años había cambiado tanto la cárcel. Por aquel entonces, en la época en que yo era voluntario, la prisión se nutria de toxicómanos (en su mayoría heroinómanos), internos de étnica gitana, ladrones de guante blanco, otro grupo de internos con delitos varios y algún que otro extranjero.

La reflexión venía a cuento porque esa misma mañana tuve que necesitar dos traductores para poder hacer mi trabajo en la cárcel. Tenía dos solicitudes, una de un interno inglés y otra de un interno chino. Desde luego quedó evidente mi incapacidad para aprender idiomas y no por lo del chino que evidentemente no tengo ni idea, sino sobretodo porque estas conversaciones siempre me hacen arrepentirme de lo poco que aproveché mis clases de inglés.

¿Se imaginan lo difícil que puede llegar a ser que un interno entienda las normas de la prisión, el funcionamiento del Centro, el cómo echar una instancia para hablar con el médico y lo difícil que es establecer y evaluar su situación penitenciaria por parte de los profesionales del centro, si es casi imposible establecer la comunicación?. Pues bien, es un problema bastante real dentro de nuestras cárceles. En Fontcalent el número de extranjeros se acerca al 50% de los presos que hay. Latinoamericanos, magrebíes y europeos del Este son los grupos mayoritarios, y aunque no lo sé cierto, me atrevería a decir que podría haber de 50 nacionalidades distintas y no estaría exagerando.

Así son las cárceles del siglo XXI. ¿Sabían que hay prisiones en las que la población reclusa llega al 70%?. ¡Y eso sin contar con los centros para internamiento de extranjeros que están diseminados a lo largo de la geografía española!.

No nos equivoquemos, la situación actual de España y la Ley de Extranjería no ayudan demasiado.

John Jairo y Patricia vinieron a verme hace dos días. John ha estado preventivo casi un año por tráfico de drogas (le encontraron unos gramos en casa). El abogado consiguió la fianza y ahora está libre. Vienen a verme con sus dos hijas. Ninguno de los dos tiene papeles y John lo va a tener muy complicado para conseguirlos por los antecedentes penales pues es seguro que le condenarán cuando salga el juicio. Han venido a verme para ver si puedo ayudarles a pagar dos pasajes de avión para Colombia. La situación es insostenible, les he hecho un vale para ropa y les he “becado” para poder cubrir gastos de alimentación y pañales y leche para la niña pequeña durante unos días. No da para más.

John está haciendo lo posible para que Patricia y sus hijas puedan viajar a Colombia, pero los dos billetes (la pequeña no paga aún) son demasiado caros. La situación en Colombia es mala, pero por lo menos John se quedaría tranquilo pues la familia les ayudaría allí y tendrían por lo menos para poder comer. Ahora tienen serias dificultades para hacerlo. John está harto de echar curriculums, y de tocar puertas. En un momento de la conversación me dice que le han vuelto a ofrecer traficar, pero que no quiere hacerlo. No vino a España para eso.. Salieron de Colombia escapando de la violencia y el hambre. Vinieron a España para trabajar, para poder dar a sus hijas un futuro digno, o mejor dicho un “futuro” de posibilidades.

No lo han tenido fácil, ni él ni otros muchos que he conocido en la prisión. John nunca pensó en traficar pero las circunstancias, el alquiler y el hambre le obligaron. Salió mal y el futuro se volvió mucho más oscuro.

He conocido y conozco a internos que la nómina que cobran en prisión (porque tienen la suerte de poder trabajar dentro) la envían íntegramente a su familia en Ecuador, Colombia, Marruecos, Argentina, Italia, Cuba… Lo sé, porque soy yo quien hace los envíos a través del Locutorio de al lado de casa o por Wester Union. No vinieron ninguno a España para cometer delito, pero la vida en la calle no ha sido fácil para ellos.

Y tristemente esto no tiene mucha pinta de mejorar. La ley de Extranjería es cada vez más restrictiva llegando a límites inhumanos como la que pretende penar la “hospitalidad”. ¡Es el colmo!. Más nos valdría mejorar las políticas de regularización de extranjeros, crear puestos de trabajo y dejar de sancionar y “justificar soluciones” siempre a base de sufrimiento de los más pobres.

Mañana seguramente Adrián, que tiene la familia en Cuba, y envía todo el dinero a través de Caja Madrid, me preguntará. Padre, ¿y cuando salga de prisión dentro de un año, cuando no deba nada a nadie, qué podré hacer en España?, ¿A dónde podré ir? ¿Qué posiblidad tendré de trabajar?. Me temo que mi única respuesta será el silencio o quizás un ¡no sé Adrián, pero me temo que estará complicado!.

Tal vez España debería recordar de vez en cuando que en algún tiempo también nuestros padres y abuelos fueron emigrantes.

P. Nacho Blasco

miércoles 13 de mayo de 2009

GANAS DE VIVIR, PESE A TODO…


Hacía días que tenía intención de quedar con él. Por primera vez no saber nada de Álvaro era una señal de que todo iba bien. Lo último que sabía es que estaba trabajando en un parking, como guarda nocturno, que tenía pareja y que se había comprado un coche. Vamos, lo normal, o tal vez no tanto para una persona a la que he visto recaer múltiples veces en la droga, vivir tirado en la calle y sobrevivir de mala manera por ahí.
Sigue vinculado, y ya hace muchos años, a un grupo de la Parroquia, el grupo compromiso, que lo acogió como un miembro más y que le ha servido siempre como grupo de referencia y como grupo de amigos.
Han sido muchas las conversaciones, cenas, campamentos, problemas, enganches, sonrisas y lágrimas que hemos vivido juntos. Y la verdad es que es una auténtica gozada saber que alguien como Álvaro ha conseguido por su propio esfuerzo el salir hacia adelante.
La primera vez que le vimos con su coche nuevo fue en el entierro de la hermana Begoña. Admito que la cabeza me traicionó y medio en broma, medio en serio, comenté, ¡De donde lo habrá robado!. Parecía increíble que una persona como él pudiera estar haciendo algo tan habitual como pagar una letra mensual del coche, un alquiler o comprarse ropa. Algo que nos parece tan normal, no lo es tanto para mucha gente que vive en la calle enganchada a la droga.
Estrella, su animadora del grupo Compromiso, me comentó que había tenido problemas hace poco y que le habían detectado una cirrosis. Un cuerpo, castigado como el suyo durante muchos años, acaba pasando factura. Sabemos que su estado de salud no es boyante, que las defensas las tiene bajitas, ya que “el bicho” (el Sida) como lo llaman en los ambientes carcelario, le ha hecho vivir en un permanente estado de fragilidad física.
Por fin esta mañana he podido quedar con él. Hemos quedado en la puerta del Mercado Central de Alicante, para hablar un rato y comer juntos. Admito estar preocupado por su estado de salud, me da rabia pensar que todo lo conseguido pueda truncarse de esta manera. Así es el mundo de la droga, ¡siempre pasa factura!.
Ya lo diviso a lo lejos, veo que va aseado y con la ropa limpia. Camina dando vueltas y su ligera cojera, debida a la operación de cadera que tuvo hace unos años, delata que es él. Llego hasta él, nos saludamos afectuosamente, y ya que vive en el barrio del mercado, le pido que sugiera un sitio para comer, de menú, que estamos en crisis.
Mientras caminamos hacia el bar de menús me sorprendo a mi mismo pensando que me alegra haberle visto mejor de lo que pensaba. Luego entendería el porqué.
Pedimos menú del día, él juguetea con la comida pues no tiene demasiada hambre, mientras hablamos de lo divino y lo humano. Me comenta que ha recuperado el contacto con su familia, las relaciones con su hermana son buenas, que su padre falleció hace poquito y que se le ha muerto una hermana de cáncer, también hace poquito. Me comenta que ha tenido problemas de pareja con Pilar y que por el bien de los dos lo han dejado.
Me comenta que ha empezado con el Interferón, y entonces todo cuadra. El Interferon es el tratamiento médico para combatir la Hepatitis. Es un tratamiento agresivo que en un enfermo con pocas defensas como Álvaro puede, de momento, menguar en mucho la poca salud que uno tenga. Poco a poco el cuerpo se recupera. Pero de entrada, te paraliza, te agota, te consume… y Pilar no pudo aguantar. Álvaro me comenta que ha estado tan mal que pensaba que se moría, pero que esta vez iba en serio. Me comenta que ya estaba resignado, que estaba harto de luchar, demasiado tiempo viviendo en “la basura”. Gracias a Dios tiene un jefe comprensible y unos compañeros de trabajo que han decidido ignorar su pinta, que la tiene, de exdrogadicto, para apostar por sus ganas de vivir y su siempre evidente honradez. Porque es cierto, habrá sido preso y toxicómano, pero Álvaro siempre ha sido una persona honrada y sincera.
Me comenta que le han cubierto los compañeros en el trabajo, que está muy agradecido, que el jefe le ha apoyado en todo, y que ahora, después de unos meses, ha empezado a ver la luz. Se ha cambiado de piso, de alquiler claro, sigue con su sueldo y me comenta orgulloso que es una pasada poder entrar en una tienda y poder salir con lo que te apetezca sin el miedo de que una cámara te haya grabado o que un guardia jurado te enganche en la puerta.
Por primera vez en su vida sabe lo que es pagar una letra (Álvaro va camino de los 40 años) y haber tenido una relación de pareja más o menos estable sin que la droga fuera lo único que les unía. Sabe lo que es dormir tranquilo sin deber nada a nadie, lo que es caminar por la calle y no tener miedo a mostrar tu carnet de identidad por si hay alguna búsqueda y captura pendiente que lo lleve a Fontcalent. Y mientras me lo explica, sonríe y respira tranquilo como el que no debe nada a nadie, como el que sabe que ahora puede tenerlo todo y que todo eso se consigue con esfuerzo; como el que sabe que es preferible comer un plato de arroz tranquilo a tener caprichos que no son necesarios y que son síntomas de que el dinero no lo ganaste con el sudor de tu frente sino a costa de coger las cosas que otro consiguió con el sudor de la suya.
Me alegra verle mejor, pero los dos sabemos que hay un tema del que no hemos hablado. Su estado de salud tal vez se estabilice, o tal vez no, tal vez llegue un momento en que haya que esperar un trasplante, tal vez, si evoluciona la cirrosis, le quede poco tiempo de vida. Espero que no… Ahora que sabe lo que es vivir, y vivir bien, me entristece pensar que la vida se le pueda escapar de las manos. Me entristece pensar que ahora, que ha conseguido todo a fuerza de abstenerse de las drogas y con tesón en el trabajo, la ilusión y la vida se le vaya desvaneciendo al ritmo que su hígado marque.
Me despido de él y prometo verle pronto, en unas horas entrará a trabajar y ha roto el sueño para quedar conmigo a comer. Le espera toda la noche de trabajo, en vigilia, en el parking. Gracias Álvaro por ser un ejemplo de superación para mí, por hacer que siga creyendo en las personas, por demostrarme que todo o casi todo se puede superar con tesón y voluntad.
Un abrazo. P. Nacho

miércoles 1 de abril de 2009

Nuevo disco de Fray Nacho

Apreciados amigos:
Aprovecho este blog para presentaros mi más reciente disco "En el Silencio". Un disco sencillo, de canciones compuestas para los momentos de oración.
Si estas interesado en su compra, puedes entrar en www.fraynacho.com en "contacto" y hacer tu petición.
Si aún así quisieras tener el disco y no puedes pagarlo (vale 10 euros más gastos de envío -dinero que se va a utilizar para cubrir necesidades básicas de familias con dificultades), no dudes en pedirlo y veré la forma como hacértelo llegar de la forma más adecuada.
Uno de los temas nuevos "nada te turbe" podrás escucharlo en www.myspace.com/fraynacho.
Un gran abrazo en libertad.
Nacho

domingo 15 de marzo de 2009

EL DOLOR DE LAS VICTIMAS

Recientemente he tenido que celebrar el funeral de dos personas que no murieron de muerte natural. Curiosamente, a mí, que no suelo oficiar los funerales en mi parroquia, me pidieron que lo presidiera por cercanía a una de las familias. Las dos personas por las que hacíamos el funeral murieron asesinadas, con 37 y 17 años.
Admito que siempre me quedo sin palabras ante estas situaciones. ¡Cuánto dolor, y cuanto sufrimiento producen este tipo de muertes! ¡Qué absurdo morir en manos de la sinrazón!
No hay palabras que logren dar consuelo. Es tanta la rabia por la incomprensión de lo ocurrido que la mejor de las homilías es el silencio y un abrazo fuerte. Eso fue lo que intenté transmitirles durante la celebración, pero dudo haberlo conseguido.
Muchos de los que han acudido saben perfectamente que yo soy el capellán de la prisión. Saben cuál es mi trabajo en la cárcel y por eso les agradezco enormemente que me invitaran a celebrar este funeral.
Y se lo agradezco porque no puedo olvidarme que detrás de cada preso hay por lo menos una víctima. Y es que el delito siempre implica dolor y sufrimiento; dolor a las víctimas en primer lugar, porque nunca eligieron que les ocurriera eso, por lo que el dolor se incrementa por 100; y dolor también para la familia del preso e incluso para el preso mismo, por todo lo que implica el ocasionar daño a los demás.
Hoy mis palabras de agradecimiento son para la hermana de uno de los difuntos. Cuando me comentaron lo ocurrido, lo único que pude recibir de ella fue una sensación de dolor, extremo dolor, y a la vez mucha fe. Incluso estuvo comentando, con mucha entereza, cómo habían sido los momentos del funeral en Madrid, de donde son ellos. Querían preparar el funeral aquí en su parroquia, con mimo, con extremo cuidado, como gozando del maravilloso recuerdo de su hermano al que, me consta, todo el mundo admiraba por su proyección profesional, coherencia personal, generosidad y dedicación al trabajo.
Cuando saludé a sus padres, sólo pude esbozar un ¡Lo siento mucho!, sincero, pero me hubiera gustado decir muchas más cosas. Tal vez no era el momento. Estoy convencido que durante la celebración el recuerdo de sus familiares difuntos era lo que hacía que la mayoría de las veces exteriorizaran su dolor con el llanto y otras, las menos, esbozaran alguna pequeña sonrisa ya que el amor les hacía viajar en el tiempo y, por un instante, recuperar algún momento especial vivido junto a aquel al que ahora despedían.
Dos vidas truncadas que dejan un gran vacío y que han sido cruelmente arrebatadas.
Ante este tipo de situaciones, resurgen, en la opinión pública, los temas como la cadena perpetua o la pena de muerte. Lo que es cierto es que el delito está mal y como tal hay que penarlo. Ni qué decir tiene que la cárcel no es la solución, pues no reinserta, pero tiene que haber medidas coercitivas que nos recuerden que la vida es un valor supremo y que nadie tiene derecho a arrebatársela a otra persona.
Tal vez el destino me tenga preparado encontrarme con alguno de los asesinos en alguna de las prisiones de este país. El haber conocido a las víctimas me ha hecho poder rezar y ofrecer a Dios todo ese dolor, sentirlo aunque solo sea un poco, en mi corazón. Tal vez mañana, el conocer a los que asesinaron a sus seres queridos, me ayude a seguir mostrando y ofreciendo la misericordia de Dios intentando desterrar de mí los prejuicios y condenas anticipadas.
En estos casos siempre me pregunto cómo hubiera actuado Jesucristo. Sé que lo más fácil es descargar la rabia y pedir justicia. Hoy le pido al Buen Dios que me regale un poco más de fe, que me ayude a poner una mirada de Merced en todo esto y, si es posible, solo si es posible, consolar a las víctimas y atenderlas con el máximo de los respetos, y a la vez, acompañar, en la cárcel, a los que ocasionaron tanto dolor, y hacerlo desde la única mirada del Evangelio.

P. Nacho

martes 13 de enero de 2009

La belleza de lo ordinario

No sé si este domingo ha tenido algo de especial. Aunque tal vez todos los domingos lo sean.
Una chica me decía el otro día que en su vida “no había ocurrido nada extraordinario ni fuera de lo común”, y eso le hacía sentir triste. Tal vez necesitamos que ocurran cosas sorprendentes para seguir creyendo que la vida vale la pena vivirla. Tal vez, intuyo que es esto, hayamos perdido la capacidad de aprender a valorar los pequeños detalles y las cosas ordinarias, las que no llaman la atención, han dejado de ser para nosotros una nueva oportunidad para crecer, madurar o emocionarnos…
Son las 9,50 cuando llego al aparcamiento de la prisión. Conmigo vienen dos voluntarios para animar las Eucaristías. A las 10 llegará el tercer voluntario y entraremos juntos. Mientras me esperan, saludaré al Jefe de Servicios. Hoy está José Ramón, al que le preguntaré por Castellón, mi tierra, ya que también es de allí. Y después de coger las llaves del Salón de Actos, empezará mi peregrinaje particular para llevar y traer internos a los módulos, con la confianza de que a las 12h podamos haber acabado para pasar después por comunicaciones a dejar unos paquetes que otra voluntaria ha preparado para algunos internos indigentes. Rápido, rápido que a las 13h tengo otra misa en Elche.
Abro el Salón de Actos y cojo una nueva llave que me permite subir a un cuarto desde donde enciendo las luces del Salón. 1, 2 y 3, siempre en el mismo orden, y el salón pasa de la absoluta oscuridad a la luz suficiente como para celebrar las Eucaristías.
Hoy he tenido suerte y viene Juanma, un funcionario, auxiliar, que me echará una mano con los internos. En el listado que llevo, entre todos, hay más de 180 internos apuntados en lista. De la mayoría conozco las caras, pero por el nombre y que conozca habré hablado tal vez con unos 100. Tal como van las cosas, el 80% de ellos no estarán el año que viene, bien porque los trasladaron o bien porqué les habrá llegado la libertad.
Mientras Juanma se encarga de los internos del módulo 1, los más numerosos, me voy al módulo 3, para sacar a los primarios. Llego a la garita de los funcionarios y me reciben como cada domingo que a ellos les toca ciclo de trabajo. ¡Buenos días, Pater, ya pensábamos que hoy no había misa! Les sonrío y bromeo diciéndoles que eso de “trabajar todos los domingos y fiestas de guardar es un rollo, y que quiero un trabajo normal”. Nos reímos. Les pregunto si necesitan ayuda pero me dicen que no me preocupe, que ellos me los llevan en cuanto acaben con el reparto de medicación.
Les amenazo con volver después para recoger, en la segunda misa, a los del modulo 3 derecha. Se ríen de nuevo. Me despido y me voy a por los internos del módulo 4 izquierda. Los de la derecha no pueden salir pues son primeros grados y los de la izquierda, aunque son FIES (Fichero Internos Especial Seguimiento) me han autorizado a sacar a los que quieran ir a misa, siempre que no sean incompatibles con otros internos.
Estamos todos en el Salón y la Eucaristía se desarrolla como siempre, más de 80 hombres, están atentos a las oraciones, los cantos… y el silencio y el respeto reina durante toda la celebración. ¿Quién lo diría? ¡Ni en la calle he visto tanto silencio en una celebración!
Segundo peregrinaje. Llevo a los internos del 4 a su módulo. Me paso por la Enfermería, hoy trabaja Paco el funcionario, que con su acento murciano me saluda deseándome un feliz domingo. A lo lejos veo a Carlos, un interno, y con un solo gesto interpreta que es el momento de dar voces por el patio para avisar a los que quieran ir a misa. Como les costará más llegar ya que son las personas más mayores y hay alguna que otra muleta para ayudar a caminar… me acerco de nuevo al modulo 3 y cumplo mi amenaza: ¡vengo a llevarme a los del 3 derecha! Nos reímos de nuevo.
Mientras, Juanma ha ido a por los internos del módulo 2 que llegan cuando estamos todos en el salón. Pero durante el camino, gestos de rigor de algunos internos: Arrancar hojas de la planta de hierbabuena, mirar en los ceniceros por si alguien dejó una colilla y quien más o quien menos me tantea o me recrimina que no le han llegado los 6 euros que le dije que le pondría en peculio (no los puse porque tenía 40 cuando fui a mirarlo). Le digo que luego se lo explico.
Esta misa es más movida. La homilía a la fuerza también lo es. Así consigo mantener la atención y a la vez conseguir que se sientan dentro de la celebración. Durante las peticiones piden muchas cosas, como siempre, con razón son el patio más tiradillo de la prisión. Al terminar, la cola de indigentes se forma delante de mí y de mi libreta, donde me apunto los recados para la semana.
Miro el reloj de reojo, me doy prisa pues son las 11,50. Cerramos todo y nos vamos a dejar los paquetes.
¿Un relato casi aburrido verdad? Pues todo depende de la profundidad y la intención.
Fijaos, no hablé ni de una sola emoción. Tal vez por eso el relato no hay dicho nada, pero… ¡a veces lo ordinario puede ser tan bello! Releamos la historia.
Tengo suerte de poder ir acompañado cada domingo a las Misas de la Cárcel con tres personas que hoy decidieron que su mejor forma de empezar el domingo era compartiendo su vida con los más pobres, los presos. Una de ellas viene de empalmada de trabajar sin dormir. Al pasar el primer registro, el funcionario de puerta, ya amigo, me saluda con un abrazo cariñoso y con la mirada me dice que me llamará por teléfono porque necesita hablar conmigo. José Ramón, el jefe de Servicios, ha estado en misa y ha rezado en silencio, como siempre, y se ha mimetizado entre los internos, como uno más, a la hora de la Comunión. La Eucaristía es la misma para todos. En las idas y venidas de los módulos, los internos me han explicado las últimas novedades sobre sus causas y toda la desesperanza que eso implica. A algunas familias las conozco, a otras las hemos podido becar, con otras aun tengo que hablar y conocer a sus hijos. Antonio, uno de los funcionarios del 3, me ha pedido ofrecer la Eucaristía por un amigo suyo que ya ha fallecido. Cada saludo, cada paz dada en la celebración va acompañada de un deseo sincero de libertad y amistad. Mientras entran los del 2, voy recibiendo unos cuantos “Padre, gracias por el peculio” o “Gracias por la ropa”, mientras observo de reojo a Pedro y Blas que han corrido para llegar antes que nadie al cenicero y quedarse con la mejor presa del lugar, las colillas que se han quedado a la mitad, porque no tienen dinero para comprar en el patio. Blas lleva unas zapatillas 5 números más grande y Pedro me habla de que nadie le escribe. Cuánto sufrimiento, Señor. Piden mil cosas, casi nada para ellos. Saben que hay gente que sufre más: sus familias. Piden por el tercer mundo porque pasan hambre y a ellos no les falta de comer. Alguno llora en silencio esperando que no le vean los demás, otros solo cierran los ojos con la intención de que esta vez Dios les pueda escuchar con más fuerza y ayudarles. Detrás de cada petición de peculio (dinero), suele haber una historia dura, muy dura…. El dinero es solo un lenitivo para aliviar o acompañar en el sufrimiento. Una condena con tabaco es algo más llevadera…
Pero de todo esto solo sabemos los que tenemos la suerte de trabajar en la prisión. Es el sitio donde más sufrimiento hay por metro cuadrado. La parroquia más pobre de toda la Diócesis. ¡Tengo tanto para dar gracias, Señor!, ¡Aprendo tanto cada día de ellos!

P. Nacho

miércoles 22 de octubre de 2008

¡Discúlpame, Jorge!


Los sábados por la mañana, antes de a ir a celebrar la Eucaristía con las mujeres, suelo pasearme por el módulo de la enfermería para visitar a los enfermos.
Ayer, al llegar al módulo, el funcionario me comentó que Jorge estaba encamado. Justo el domingo pasado había hablado con él en la misa que tengo a las 11 de la mañana con los internos del módulo 2. Su físico le delata; hace más de 15 años que tiene SIDA, ya se ha quedado sordo y anda apoyado en una muleta. Me ha pedido ropa varias veces ya que dice que no tiene, aunque me consta que anteriores veces la ha vendido en el patio.
Al acabar la misa me hizo la espera, pero esta vez quería algo más complicado si cabe. Quería establecer contacto con su hermano, del que no sabe nada hace más de año y medio. El hermano hace mucho tiempo que no quiere saber nada de él. Jorge lleva muchos años preso, toda una vida, y esto no hay familiar que lo soporte durante muchos años. Y es que muchos años de sufrimiento acaban propiciando el olvido o la ruptura completa del corazón.
Como no oye, se acerca mucho a mi cara para hablarme con la esperanza de que le oiga mejor. No se da cuenta que yo le escucho sin problemas. Al acercarse, descubro con mayor precisión las costras de la cara y un color amoratado en sus labios que delatan más aún su proceso terminal.
Cuando me dirijo a las escaleras que me llevarán a la primera planta de la enfermería, de camino, aparece Chimo, al que saludo y pregunto por su situación. Luego aparece Mohaned, le saludo; Joana, le saludo; y van apareciendo más internos que buscan de mi un saludo, una conversación cercana, un ¿cómo estás? O, por qué no, alguien en quién descargar la rabia hoy vestida de desesperanza por el permiso que parece que ha recurrido el fiscal cuando ya la juez de vigilancia lo tiene concedido de forma positiva. Hoy Joana viene con el rostro cambiado, normalmente sonríe, pero la amenaza próxima del cambio de prisión a Castellón le hace hoy andar cabizbaja. Mohamed anda hoy medio eufórico ya que después de tres años de llevarlo bien, por fin podrá disfrutar 3 días de permiso junto a sus hermanos en Torrevieja.
Uno de los que me saluda, Toni, me comenta que Jorge ha pasado mala noche. Se ha hecho sus necesidades encima. Me hace intuir que su saludo ha desmejorado en mucho en solo 6 días.
Las conversaciones se multiplican. A cada interno su tiempo. Sólo quieren eso, que les dediques tiempo. A la que me doy cuenta son las 11 y llevo más de tres cuartos de hora entre conversación y conversación. Debo marchar ya para el módulo de mujeres, ya que la misa allí es a las 11.
Me prometo a mí mismo que si mañana no me da tiempo de pasarme después de las mismas, mi primera visita de la semana será para Jorge. Sé lo mucho que se agradece recibir una visita cuando uno está enfermo y en prisión. Tal vez el lunes esté mejor y ya haya vuelto de nuevo a la rutina del módulo 2.
Esta vez no, esta vez he llegado tarde. Al llegar esta mañana a la enfermería para llamar a los internos para misa me ha comentando que Jorge falleció ayer, sólo 3 horas después de estar en el módulo.
Se marchó a solas y sin despedirse. El bueno de Toni, preso como Jorge, y tan enfermo como él, se había convertido en el buen samaritano que lo cuidaba día y noche. Toni había salido un momento del chabolo, a la hora de la comida, y en ese momento Jorge decidió no seguir luchando. Tal vez el silencio de la celda y la soledad fueron el lugar idóneo para abrazar la paz definitiva, aquella que no tuvo durante muchos años.
Cuando me lo dice Toni, le brillan los ojos. Me pregunto si Toni está emocionado por lo ocurrido, por los días que le ha cuidado o porque cruelmente intuye que tal vez su marcha sea parecida a la de Jorge. Prefiero no preguntárselo.
Hoy hemos celebrado la misa por Jorge. Celebrar la misa por un preso recién fallecido es algo especial. Ni en la calle he visto tanto respeto y silencio. Durante la celebración no puedo evitar sentirme mal. Me digo a mí mismo que no sabía lo que podía ocurrir pero algo me dice que me hubiera gustado poder despedirme, despedirle. Tal vez hubiera sido la única despedida. Su último cruce de mirada con alguien que era capaz de mirarle más allá de su Sida, la misma mirada que Toni, su compañero enfermo, le ha regalado estos días. Otro buen samaritano anónimo. ¡Hay tantos en la cárcel y que no salen en periódicos!.
Perdóname Jorge, llegué tarde. Necesitaba decírtelo.
Disfruta del abrazo que el Dios Amor, sin duda, te tenía preparado desde siempre.

P. Nacho