En la prisión nadie se cuestiona una sentencia judicial. De hecho, creo que así debe ser, pero tristemente más sentencias de las que serían de desear no reflejan realmente la veracidad de los hechos cometidos respecto a un delito determinado o la forma como ocurrió. Influyen muchos factores extrajudiciales en el mundo judicial, no admitirlo sería ser ingenuo; una buena o mala defensa, la capacidad de mentir o simular del acusado, si un delito está o no de moda, si se argumenta que es toxicómano o no solo por conseguir un atenuante, tener suerte y que te juzgue tal o cual juzgado donde el juez es más tolerante o más tradicional….
Además, los prejuicios que todos tenemos también nos influyen y también al sistema judicial y a todo ello hay que añadirle cierta presión social que está creando una nueva tipificación de delitos, mientras en los programas electorales de los partidos políticos se sigue apostando por la intolerancia y por seguir haciéndonos sentir cada vez más miedo a no sé qué, mientras nos olvidamos de las verdaderas cuestiones que hay por debajo y que no se ven, como es una indeficiente política de medidas preventivas del delito o por qué no decirlo, que en esta época de crisis, la gente pueda tener lo justo para vivir y no tenga que buscarse la vida de forma ilegal, como está empezando a ocurrir.
Pues bien, todas estás cosas tienen una fijación final en una determinada sentencia y con esta sentencia uno entra en la prisión a cumplir condena. He conocido, en un pequeño porcentaje, es cierto, a gente inocente que está en prisión. ¿Qué es lo que me lo garantiza?. Pues que en alguno de los casos conozco las circunstancias de los hechos, o lo que es peor, sé que alguien asumió el delito de otro por distintas razones y está preso.
Yo tengo la suerte de sí poderme cuestionar una sentencia judicial y preguntarme si realmente se ajusta o no a la realidad, y eso me permite poder mirar los procesos de prisión con otros ojos.
Tal o cual delito, las circunstancias del mismo, las pruebas periciales, tal o cual juzgado, van a determinar también cual el tiempo de prisión, y lo que diga la sentencia, se ajuste o no a la realidad (y es muy difícil esclarecer la absoluta veracidad de los hechos, y de esto entiende mucho la psiología forense) determinará la estancia de un reo en prisión.
Luis lleva un año en prisión. Entró con una sentencia judicial que lo condenaba a 15 años de prisión. Lo lleva mal, desde el primer día ha mantenido lo mismo: ¡soy inocente!
Su hija, Isabel, está moviendo el tema en la calle. Me consta que se ha movido y mucho, de tal forma que se ha admitido el recurso de casación y, de momento, hace que su situación penal sea la de preventivo. Algo es algo. Los abogados dicen que hay buenas expectativas y que se está demostrando que hubo una muy mala instrucción y un peor peritaje psicológico. Luis mantiene la esperanza de que todo se aclare. Por mi parte, sinceramente no sé si Luis es inocente o no pero esta lucha, su lucha, la presunta culpabilidad que ya le ha robado muchos días de su vida que no volverán me hace cuestionarme necesariamente la siguiente pregunta, ¿cómo se puede encajar una condena, la que sea, sabiendo uno que es inocente?. Les invito a que se lo pregunten también ustedes.
El solo hecho de pensar que una sola sentencia judicial pueda ser injusta invalida el sistema judicial. Me horroriza pensar que un solo inocente pueda estar pagando algo que no hizo.
Y mientras se demuestre o no, Luis seguirá estando en prisión, prisión que se merecerá en el caso que se demuestre que sí lo hizo; prisión que le habrá robado mucho tiempo de vida y de esperanza si finalmente le absuelven, y mientras, para muchos, por si acaso, será estando estigmatizado y preso. Es así.
Le pido a Dios que realmente se descubra la verdad. Si fue admitido el recurso de casación es porque el Tribunal Supremo consideró que hubo algún error. No todo es tan evidente y tan claro.
Si en el mejor de los casos Luis fuera absoluto, saldrá de la prisión y nadie le pedirá perdón, nadie le devolverá ni uno solo de los días que estuvo en prisión… Ninguna sospecha debería tener un precio tan alto. Nadie que no sea culpable debería estar en prisión. Nadie, ni un solo día.
Posdata: El día 15 de Octubre Carlos terminará una condena de 2 años y 6 meses y siempre mantuvo su inocencia. ¿Y si realmente lo era?
P. Nacho