viernes 23 de noviembre de 2007

UN CORAZÓN QUE TIRITA DE FRIO...

Lo normal es que un preso, cuando sale en libertad, quiera pasar página. Es lo lógico. La experiencia de prisión es tan dura a veces que muchos presos no quieren saber nada ni de ella ni de la gente que se queda. La prisión es como una pesadilla. Es como uno de esos sueños de los que agradeces descubrir, al despertar, que nada de lo ocurrido fue real. Lo normal también, es que cuando se marchan a otra prisión, ya que Fontcalent solo es una prisión de paso, yo mismo acabe perdiendo el contacto con ellos. Son muy pocas las veces que alguien escribe o me llama por teléfono después.
Pero hoy he recibido una llamada. Es pablo que lleva año y medio en la prisión de Burgos. Me ha ido llamando de vez en cuando y me envía dinero todos los meses para que se lo guarde. Sabe que si se lo queda él, o se lo gasta, o lo acaba prestando a otros y nunca más vuelve a verlo.
Lleva casi tres años preso. Da igual el delito. Le quedan 4 años más y un futuro en libertad muy incierto.
Hace pocos días envíé la carta de acogida a su trabajador social. Si nadie está dispuesto a acogerlo cuando Pablo pueda disfrutar de permisos, no podrá salir.
Tiene familia, una mujer que le ha metido preso y dos hijos. Solo mantiene contacto con su hija pequeña. Me comenta que el trabajo en la prisión de Burgos no es como en Alicante. ¡Aquí Padre, para ganar 200 euros te las ves negras!. 50 para el futuro, 50 para su hija, 50 para la responsabilidad civil...El resto para sobrevivir y vestir en prisión. No da para más. Pero no se queja ni pide más.
¡Es lo que hay!, me dice. Me dice que está bien, que va a misa, que le visitan unas voluntarias de Burgos, que va a catequesis y sobretodo que hace frío, mucho frío.
No sé si el cielo raso de Burgos, que es lo que puede ver Pablo, le delata o no que la Navidad está por llegar. Tal vez sea el mismo cielo de siempre, sin guirnarlas, sin colores vivos, sin nubes siquiera, solo un cielo azulocusuro que amenaza que el frío aún está por serlo más si cabe.
Siempre hace alusión al frío. Un corazón alicantino mediterráneo, de inviernos de 15 grados, acusa sin duda, el frío seco del interior de España. El mar se encarga de hacer que el frío del invierno lo sea menos por estas tierras valencianas.
Me pregunto si su frío es solo físico o si el frío psicológico que se vive en prisión más el gélido aire frío que recibe de la ausencia perpetua del cariño de los suyos, es lo que le hace tener esa permanente sensación de frío. Frío en primavera, frío en verano, frío en invierno. Frío siempre.
Lo cierto es que los muros de la prisión son poco cálidos. El gris, por naturaleza es frío. Las caras de los demás internos y hasta los ruidos del día a día son fríos en prisión.
Es de la poca gente que me pregunta que qué tal estoy. Es curioso, porque no suelen preguntármelo en la cárcel. Se da por supuesto que quien debe preguntar soy yo.
Le agradezco su interés y le devuelvo la pelota. ¡Tirando, Nacho!, me contesta.
Con la única voluntad de transmitirle un pensamiento positivo siempre le pregunto , ¿qué día vuelves a pasar por Junta de Tratamiento?.. Cada nueva fecha que me dice es un arma de doble filo. Bien porque es la oportunidad para, por fin, salir de permiso o bien porque se convierte en una fecha que le trae de nuevo la noticia que, otra vez más, no le van a dar el permiso de momento, a pesar de tener acogida y plaza en nuestra casa de Acogida de Alicante.
Le insisto que le diga a su trabajador social que me llame si necesita que le aclare algo de su permiso. Me contesta que apenas lo ve y que no sabe si tendrá que comerse la condena a pulso. Le digo que no, con la esperanza de que solo la posibilidad del Sí sea un aliciente para soportar el día a día sabiendo que ni siquiera suena creíble para mi.
Estoy convencido de que me llama no sólo para saber como estoy sino sobretodo para seguir creyendo que fuera, en la calle queda algo de calor humano por el que merece la pena seguir luchando. Estoy convencido que mi voz, no porque sea yo, sino porque soy alguien que le escucha desde la libertad, le trae la brisa cálida del atardecer mediterráneo, el recuerdo de tiempos mejores, tal vez el olor a azahar y sobretodo, la posibilidad de seguir soñando en su libertad.
Me pregunto si este año los reyes magos le pueden llevar a Pablo un poco de carbón, no por haber sido malo, eso ya lo está pagando a precio de diamante, sino para que ese carbón le sirva para mantener encendida la llama de la libertad en su corazón.
Se le van acabando los 5 minutos de su llamada.
¡Oye, Nacho, que.. Feliz Navidad!, me dice como sabiendo que es la única navidad que felicitará a alguien en libertad...
¡Feliz Navidad, Pablo!, le contesto. Un abrazo. ¡Cuídate Pablo y llámame si hay novedades!
Lo hará... estoy seguro... Llamará!. Seguramente sin nuevas noticias... seguramente, solo, para poder aliviar de nuevo el frío gélido de la prisión o para frenar el tiritar de un corazón que le recuerda a cada movimiento que nadie de los que creía tener cerca le deseará feliz navidad. Lo que no sabe es que su llamada es también aire cálido para mi fe y para mi vocación mercedaria. Gracias Pablo. Le pido al buen Dios que nazca de nuevo en tu corazón... para esta Navidad seguro que tu chabolo (celda) es su mejor pesebre. Un abrazo.

martes 6 de noviembre de 2007

Volver a empezar

Hoy he vuelto a hablar con Juan, no sé yo si termina de acostumbrarse a “vivir en libertad”. Durante muchos años, más de 8 ha estado en prisión, y aunque, no lo crean, eso le ha convertido en un minusválido para vivir en sociedad.

Recuerdo cuando hablábamos en el patio del módulo. Era una bomba de relojería. ¡Padre - me decía - esta condena me ha hecho polvo, me ha enterrado en vida!

¡No exageres!, tú puedes con esto y con más -le dije yo- .-No, Padre, de verdad, ahora TENGO MIEDO-. Juan mira hacia atrás y se da cuenta de que ya no es joven, de que tiene el SIDA y un historial penitenciario digno de novela.

Yo sé porqué tiene miedo. Ahora lleva algunos meses en libertad. De vez en cuando lo veo por ahí. La salud no le acompaña y “sobrevive” con la subsidio de la excarcelación. De vez en cuando viene y charlamos. Durante un tiempo estuvo en el piso de acogida pero “se ahogaba”, decidió despegar.... ¡no sabía lo que tendría que pasar!!.

Pronto comprobó que la sociedad no estaba dispuesta a dar una oportunidad a su aspecto de presidiario y a sus antecedentes penales, que como grandes surcos han ido marcando grandes arrugas no sólo en su cara sino sobretodo en su alma, ya cansada de “volverlo a intentar”. Él pensaba que, tal vez, ahora, por fin, las cosas cambiarían.... En sus mejores sueños se veía con un trabajo, con una chica, con una casa, con un buen paisaje ante sus ojos.

Habla, y mientras paseamos por la calle vamos reconociendo algún que otro rostro . Algunos saludan, otros simulan no vernos y pasan camuflados bajo barbas descuidadas, tal vez por vergüenza. Me vienen a la mente conversaciones y “deseos” que prometían cumplirse pero que hoy compruebo que se esfumaron con el primer viento. Y mientras, siempre sufriendo los mismos. Juan saluda y, aunque no quiere que me de cuenta, su rostro cambia de expresión. En sus pensamientos más íntimos es posible que haya reconocido cual es su futuro, hacia donde es posible que se dirija su historia.

Es la historia que se repite tristemente en un 65% por ciento de los casos. Intento hablar de los aspectos positivos de la vida en libertad. Los dos fingimos no haber visto nada. Fingimos no haber visto el resultado de tanta insolidaridad, injusticia, indignación, prejuicio, enfermedad, hipocresía......

Y mientras, la vida sigue jugando sus propias cartas en las que parece que Juan haya quedado fuera de la partida. ¿Cuánto vale una vida?, ¡Que descarte más caprichoso!. Sigo insistiendo en que luche, que confíe, que espere.....; y en su carpeta, papeles llenos de negativas, y en su corazón, zurcidos con aguja de coser cuero, de las que dejan marca, tantos “vuelva usted mañana” a ver si hay algo de su perfil..... que están marcando en sus ojos las ojeras propias del no poder conciliar el sueño y el haber llorado tal vez demasiado.

Los últimos acontecimientos en España hablan de sufrimiento y de apuesta por el cambio. No sé como irá todo, no tengo ni idea. El viernes que viene volveré a hablar con Juan, eso si lo sé, es fiel a su cita, ¿tendrá buenas noticias?. ¡Me voy quedando sin argumentos para mantener ante él una sonrisa!. ¿Cómo luchar contra la desesperanza?.

¿Qué extraño juego, verdad?. ¡O cambian las reglas o yo no juego!