miércoles 24 de octubre de 2007

APOSTAR AUN A PESAR DE LA DUDA



Un gran amigo y gran persona me ha enseñado que en prisión los pequeños triunfos se consiguen solo si apostamos por la gente aún sabiendo que la historia puede acabar mal y que mayor es la “recompensa” cuanto más nos jugamos en la apuesta.

Uno, dos, tres años son los que lleva Henri en prisión; le queda mucho “talego” aún para cumplir con la sentencia que le condenó por un delito contra la salud pública. Lleva tiempo esperando su oportunidad. Es joven, es su primera condena. Durante todo este curso lo he visto manteniendo una actitud ejemplar en la prisión. No tiene partes disciplinarios, trabaja e intenta no meterse en líos.

Suena el teléfono. La asistente social de Henri me comunica que por fin va a salir de permiso a la casita de acogida “Pedro Arrupe” que dirige el Hno. Jorge. También se lo ha dicho a Henri, por fin lo veo sonreír en ocho meses. Sólo hace tres semanas me comentaba la posibilidad de cambiar de prisión pues aquí lo veía todo “bastante negro”. Le dije que tuviera paciencia, algo me decía que su permiso estaba a punto de caer. ¡Bendito pronóstico!.

Ya tiene día y hora de salida. Empiezan los nervios. Les resultaría curioso descubrir que cuando una persona lleva tiempo largo en prisión, después de la alegría por la concesión de un permiso, les suele sobrevenir una sensación de pequeño miedo e incertidumbre. Es algo que se repite casi siempre. La cárcel marca, deja surcos en la piel y en la psicología de los presos y ahora, en libertad, es cuando aparecen las heridas que la cárcel ha ido cicatrizando en los corazones y en el alma.

Nadie puede aprender a vivir en libertad en ausencia de ella. Si esto es así, el mejor remedio para reinsertar a una persona en la sociedad es haciendo pequeñas incursiones, cada vez más periódicas, hacia la vida en libertad. Es la mejor terapia, el mejor seguimiento social, el tratamiento más efectivo, ¡se lo puedo asegurar!.

Pero implica sus riesgos. Nuestra sociedad no está dispuesta a conceder segundas oportunidades. De vez en cuando los periódicos nos recuerdan aquello de: “una persona que disfrutaba de un permiso penitenciario ha vuelto a robar en tal o cual sitio.....”. ¿Saben ustedes cuantos permisos penitenciarios se dan cada semana?. Cientos, muchos....., sin embargo los permisos que van bien (que son casi todos los que se conceden) no son de interés periodístico, no importan.

En mis pocos años de acompañamiento a internos he podido acompañar muchas primeras salidas, muchos permisos, he podido comprobar mucho miedos, muchos “descubrimientos” nuevos al salir a la calle. Es una verdadera hazaña que una persona que haya estado mucho tiempo en prisión sea capaz de sobrevivir en una sociedad como la nuestra, que le dejó apeado en el olvido de los condenados, que le paró su reloj personal, que dejó de pasar hojas en su calendario y sigue recordándole el día en que entró en prisión. En la prisión todos los días son iguales. El mundo ha avanzado aquí fuera pero no allí dentro.

Henri, ya ha regresado a la prisión de su primer permiso, ha ido muy bien. Esta noche su cabeza se llenará de colores, de olores, de la brisa del mar que ha vuelto a ver después de tres años, de la ilusión de que merece la pena seguir luchando porque pronto llegará el próximo permiso.

Llegará el permiso y volverán los nervios, pero el corazón, ahora de nuevo parado, volverá a latir. ¡Es el milagro de libertad!.

Merece la pena seguir apostando por la gente. El éxito de la vida en libertad para una persona que haya estado presa tiene mucho que ver con el número de apoyos que el interno haya encontrado antes y durante su permiso. ¡No hay trucos, es así!, no estoy descubriendo nada que sea nuevo.

¿Está nuestra sociedad dispuesta a acompañar a los presos en sus incursiones hacia la libertad?. El éxito de la reinserción de las personas presas depende de todos. Aquí no vale echar “balones fuera”. Depende de ti y de mi, no hay otra salida.

Gracias a todos los que seguís creyendo en los pequeños milagros, a todos los que apostáis por ellos sin valorar los riesgos, a todos los que acogéis a los internos e internas de nuestras prisiones, a todos los que entendéis que el mejor tratamiento es apostar por las personas, a todos los que no escatimáis tiempo ni fe apostando, apostado, apostando........

En la “ruleta” de la cárcel, cada apuesta puede darnos un premio “extraordinario”: ¡una persona libre de nuevo, para siempre¡.¿Juegas?



jueves 18 de octubre de 2007

De princesas y otros cuentos...

Hace 13 años que la conocí en la prisión de Castellón. El tiempo no pasa en balde y poco a poco ha ido dibujando en su rostro, ahora maltrecho por el paso de la droga en su vida, los pómulos marcados de la que se ha alimentado poco y las ojeras de aquella que pasó mucho tiempo montada a “caballo”, soñando con ser una nueva “heroína”, o la princesa de un cuento, que de niña, fue escribiendo para evadir los miedos que la intimidaban. Es lo que le pasa a las princesas. Son frágiles.
Sigue siendo coqueta. Hoy está guapa, se ha vestido con sus mejores galas. Se ha pintado los ojos, se ha puesto la mejor ropa, las joyas que aún conserva, y luce un tatuaje en la frente, de esos que llevan las princesas de oriente, de esos que significan no sé qué de la realeza.
Está nerviosa. Esta mañana ha entrado en la Eucaristía del módulo de mujeres. No suele entrar. Hoy es un día especial. Es su día de libertad.
Ha estado graciosa. En las peticiones ha pedido quedarse embarazada. Nos hemos reído, pero intuyo de que tras esa “caprichosa” petición hay una realidad mucho más dura. Lleva años deseando sentirse amada, sentirse valorada, acariciada.... ¡ha deseado tantas veces sentirse querida!.
Ha llegado el momento. Celebrando aún la Eucaristía la ha llamado la funcionaria para irse en libertad. Allí delante de todos ha dicho que esperara un poco que la misa no había acabado. Nos ha extrañado. Se ha aferrado a este momento “espiritual” para pedir con todas sus fuerzas al buen Dios que no la deje sola ahora que tiene que enfrentarse a la calle. La he visto mucho rato con los ojos cerrados y esta vez no era por la metadona. La he visto llorar. Me invade un extraño sentimiento de alegría y miedo. Alegría porque ha llegado para ella un momento tantas veces deseado; miedo porque no sé cuanto tardaré en volverla a ver. Pido al Dios libertador de cautivos que no sea ella la que dé la razón a ese 65% de reincidencia.
Es curioso. La cárcel es el único sitio donde el deseo no es “que te vaya bien, hasta pronto”, sino “mucha suerte, ójala no te vea más por estas casas”. Mis alegrías se cuentan por despedidas y no por reencuentros. ¡Que contradicción!
Le hemos ayudado a hacer la selección de lo que podría llevarse. 11 años de cárcel ha dado para almacenar muchas cosas, muchos recuerdos. El preso se aferra a las cosas que tiene en el chabolo, ya que son su particular “reino”. 11 años da para mucho.
¡Fina! Es imposible que te puedas llevar todo eso.
Hemos almacenado casi todo, menos dos bolsas grandes, en el almacén del módulo de mujeres. Entre sus ropas no he visto nada que tenga que ver con las últimas 11 temporadas de moda en España. El valor de ese paquete reside sobre todo en una escultura pintada con pinturas Pajarita para su hermano que esta “to engachaó” y unos cuantos peluches que ha ido cosiendo en el taller de muñequería que con tanto cariño María y Carmen hacen con las internas. Lleva 5 o 6 peluches que ocupan gran parte de la bolsa. Me hacen imaginarme el reencuentro con los suyos. Y como va a ir regalando a su gente no solo el peluche sino sobretodo todo el cariño condensado en cada uno de ellos.
Salimos a la calle. Ritual de despedida. Siete pasos hacia atrás. ¡Bendita tradición!. La llevamos a la estación de tren.. Hace días que tenemos el billete. Le doy todas las instrucciones. Me quedo con la sensación de que hay cosas que no entiende. Intuyo que se siente perdida. No es de extrañar. ¡¡11 años en prisión!!, ¡¡ 8 de ellos en primer grado!!. Todo le parece grande y precioso. Sus ojos se abren como platos, quizás para que entre más luz en ellos. Los muros de la prisión, la falta de mirar al horizonte, van reduciendo la capacidad de visión.
Le compramos algo para comer, le doy dinero, el billete y se lo vuelvo a explicar todo. No podemos acompañarla a dónde va.
Nos vamos de la estación con un sentimiento fuerte de tristeza. Fina no consiguió contactar con su familia. No sabemos si los encontrará al llegar. No sabemos como va a ser la bienvenida. No sabemos si se cenará con su familia esta noche, o si alguien la “amará” hoy. Me quedo intraquilo. Le doy mi número de teléfono.
Llevo todo la tarde preocupado. Cuan incierta es la libertad a veces.
Feliz libertad. Fina. Ojalá puedas ser por fin esa princesa que tantos sueños ha ido bordando en ese ajuar particular que habla de deseos de libertad y de amor. No te dejes vencer por los miedos, ¡otra vez no!.
No me ha llamado, ¿eso es buena señal?.
Abrazos.

Nacho

viernes 12 de octubre de 2007

¿Quiénes somos y qué hacemos los Mercedarios?

Inauguración de la web de la Provincia Mercedaria de Aragón.
Con gran alegría os comunico que la Provincia Mercedaria de Aragón, de la que formo parte, ya tiene su página web. Una web a la altura del carisma y del espíritu redentor de la Merced. Desde ella podrás conocernos un poco más, nuestra historia, nuestro carisma, nuestras casas. Tendrás acceso a nuestras obras sociales, a información de la pastoral penitenciaria, de la pastoral vocacional y también podrás ver en formato PDF la revista bimensual que la provincia edita sobre la actualidad de la Merced y que se llama "Proyecto Libertad".
Descubre la riqueza del carisma mercedario, un carisma tan actual como necesario en la Iglesia. Entra, no lo dudes. http://www.mercedaragon.org/
Un abrazo en libertad. Fray Nacho.

martes 9 de octubre de 2007

De camino hacia la Metadona...

Giro la última curva antes de dejar el campo de fútbol a mano derecha. Es la última curva que me trae la sensación de que con suerte encontraré aparcamiento en la plaza que hay al lado del nuevo edificio del Obispado. Esa plaza me trae sensaciones familiares, será porque es donde se reúnen los toxicómanos que van a recoger su dosis diaria de metadona, será porque de muchos de ellos me sé el nombre, será porque me recuerda a alguna de las plazas del barrio en el que viví...
Aparco, ha habido suerte, y veo como alguna cabeza hace un ademán de saludo como diciendo,¡eh , te conozco de algo!. Me suena su cara, creo que a él también la mía, pero no me ha reconocido del todo. Hago un gesto de saludo con la mano y como intuyo que no sabe en que contexto situarme, tal vez porque antes solo me ha visto en la cárcel, sigo mi camino hacia el obispado.
La veo subiendo por la calle Marco Oliver de camino a la metadona. Es sandra. Mantengo mi mirada fija sobre ella conforme camina, ella hacia la plaza y yo hacia el Obispado. La busco con la mirada para pararme a saludarla, pero anda demasiado entretenida hablando con otra chica que le acompaña en su particular paseo hacia su lucha contra la adicción. No me ha visto. Pasa de largo.
Me ha alegrado verla, la he visto sonriendo, hablando de forma dicharachera. Lástima que el fin del camino sea el puesto de Metadona. La conocí en prisión hace algo más de dos años. Cara de niña, grandota, sonrisa de muñeca, coqueta, andaba ennoviada con otra chica del módulo. Cosas de la cárcel.
Le costó adaptarse al módulo. Era su primera entrada. Recuerdo que no entendía muchas de las cosas que pasaban a su alrededor y que le costaba entender que el patio fuera un lugar tan complicado muchas veces. Le extrañaba que la gente se complicara la vida innecesariamente buscando problemas. Pero acabo sumándose al carro. Se metió en algunos de ellos, tal vez por dejarse llevar por la fuerza del grupo, del grupo en el que iba.
Después de muchos esfuerzos, casi cuando yo ya creía que no sería posible, me sorprendió verla un día trabajando en los talleres de la cárcel. Su primer trabajo, y fué dentro de la cárcel. Que curioso, en el tiempo que estuvo en talleres no me volvió a pedir ropa ni dinero para llamar a la familia. Creo que la prisión le hizo madurar de golpe a fuerza de recuento, recurso y chabolo (celda). Pero también le hizo madurar en otros aspectos. Su sonrisa de niña fue cogiendo tintes más tristes, más serios, más tensos.
La sonrisa que he visto hoy me ha recordado a la Sandra de antaño. De hecho yo mismo he sonreído porque estaba convencido que estaba en la prisión de Villena y que tenía muchas causas aún “por bajar”. Vamos, que se tiraría una temporada larga en prisión.
No me han gustado la compañía. Tal vez Sandra siga buscando en quien refugiarse, tal vez no haya superado el sentirse como una niña asustadiza ante un entorno que se le antoja cruel y difícil, donde no ha sido fácil sobrevivir a las garras inhumanas de algunos que quisieron aprovechar su ser infantil y su ingenuidad, para llevarle a “paraísos” que prometían ser azules como el cielo pero que se tornaron grises plomizo, como los muros de la prisión.
Sé que es cruel, pero me pregunto ¿cuándo volveré a verla en la cárcel?. Muchas de estas historias, un 65% acaban de la misma forma: nuevo delito, nueva detención, nuevo ingreso en prisión.
Hoy le pido al buen Dios que se convierta en compañero de camino de Sandra, que le haga sentir el abrazo amoroso y paterno que le fue negado desde su más tierna infancia. Que la arrope, que la cuide, que le vuelva a esbozar una sonrisa perpetua ingenua y brillante. Que le haga coleccionar sueños y no nuevas causas judiciales, futuros con esperanza y no más noches de chabolo, sonrisas..... Suerte, Sandra. Sé que suena raro, pero ¡espero no verte nunca más!, será señal de que no volviste a entrar en prisión.

Nacho